Unamuneando

unamunoEs que aquí no pasa el tiempo, oigan. O lo parece. Hace ya 120 años, en 1894, Miguel de Unamuno publicó un ensayo titulado Sobre el marasmo actual de España. Leerlo tiene su puntito aterrador, porque algunos de sus párrafos parecen haber sido escritos para la España de hoy. O más bien, nota trágica del asunto, para la España de siempre: la que no muere, y una y otra vez nos mata. Por eso me permito esta vez un elocuente experimento de corta y pega, utilizando para componer este artículo una sucesión de frases cortas, todas literales, extraídas del ensayo unamuniano sin añadir ni una palabra de mi propiedad. Decidan ustedes si el buen don Miguel estaba equivocado, si hablaba sólo de su triste tiempo, o si se limitó a describir, con buen pulso y mejor ojo, nuestro eterno día de la marmota:

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Grandilocuencia de la letra en sí

grandilocuenciaLas largas tardes de verano a caballo entre un sol abrasador y aquella brisa norte que entra en la península por el Cantábrico, invita al parroquiano a salir de la taberna y dejarse mecer por los aromas que llegan de entre los parterres de hortensias con un azul infinito de mar como telón de fondo.

Estos largos paseos meditando lo que no se puede meditar en la tórrida rutina madrileña, a menudo se cortan de lleno con noticias de la capital. Para mi grato deleite, justo en el súmmun de mi contemplación del horizonte suena el móvil devolviéndome de golpe a la realidad. Un viejo colega de aventuras que osa importunarme para contarme “nosequé” proyecto para revolucionar la red. Pueden imaginarse mi alegría cuando me nombra colaborador de un blog encadenándome a escribir en él. Si bien, hasta ese punto todo marcha incluso bien, ha contactado con alguien que tiene ya algunas tablas en esto de narrar; pero… ¿narrar el qué?

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