El show de Mike: el curioso caso de Herbert Dow


El show de Mike 2En mi artículo Cómo tirar tu empresa a la basura en tres pasos, expliqué la razón por la que la estrategia de dumping o precios predatorios era como no llevar casco en la bicicleta: si te arriesgas a romperte la cabeza, es decisión tuya. No tiene sentido que se te obligue a llevar casco.

También prometí en ese artículo daros un ejemplo real proveniente del libro El liberalismo no es pecado, de Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo. Bueno, pues ya va siendo hora de cumplir mi promesa.

¡Entren, entren, damas y caballeros (y James Castle)! ¡Entren a conocer el curioso caso de Herbert Dow!

 

El curioso caso de Herbert Dow 2Bienvenidos, señores, a El show de Mike. Este es un show donde entrevisto a famosos y no tan famosos, que vienen aquí aunque no quieran o no puedan (Adelfo se encarga de secuestrarlos por nosotros).

Hoy, os deseo presentar al empresario perfecto. Recibamos con un aplauso al mayor tocanarices de la industria química: ¡Herbert Dow!

Herbert: Buenas, buenas a todos. Muy buenas, Mike, y dudosas gracias por obligarme a venir al programa.

Herbert Henry Dow

Herbert Henry Dow. Guapete, ¿eh?

Mike: Nada, hombre, nada. El placer es… bueno, de Adelfo, que le encanta coaccionar a gente inocente. Pero, por favor, olvida que te está apuntando con un arpón cazaballenas, y siéntete como si hubieras venido por propia voluntad. ¿Qué tal estás? Tienes muy buena pinta, para estar criando malvas desde hace 33 años.

Herbert: Si, los milagros de ir a pilates. Me lo recomendó mi mujer en su momento, y…

Mike: Entiendo, entiendo. En fin, pues ya comenzando con la entrevista, cuéntanos sobre ti. ¿Es verdad que naciste en Canadá? Porque todos sabemos que tu empresa es estadounidense.

H: Pues sí. Nací en una familia humilde, que tuvo que mudarse para intentar una mejor vida en el sueño americano. Y fue un acierto, porque así pudieron mis padres ayudarme a entrar en la ingeniería química que quería hacer.

M: ¡Ah, sí! Decían por allí que eras un tío muy salado.

bromoH: Anda, Mike, no te pases de listo. Pero sí, es verdad que en la Universidad, se me conoce por mi interés en las salmueras marinas. Verás, en aquella época, empezó a usarse mucho el bromo para compuestos sedantes para calmar a la parienta, y placas fotográficas. Estaba en alza, pero no era fácil de obtener. Y un día, a mí me dio por analizar la composición de las salmueras (lo que haría cualquier persona corriente, vamos), y descubrí una gran concentración de este elemento. Y también descubrí que…

M: Ey, compañero, no te vayas por las ramas. Que esta entrevista la dedicamos a las ciencias empresariales. Lo que nos importa aquí es que no solo descubriste un montón de bromo, sino que además inventaste una manera muy barata de obtenerlo. Una vez más, vemos resurgida la imagen del empresario que encuentra un método mejor para servir a la sociedad…

H: Yo quería hacer mucha pasta.

M: … Y de volverse asquerosamente rico. Y además, tu método es muy ecológico, ¿no?desechos madereros

H: Sí, ya que mi novedoso método electroquímico de obtención de bromo requiere usar los desechos de la industria maderera. Los tíos se divertían mucho viendo cómo pagaba por un material que ellos tiraban a la basura. Pero mira, que me da igual, porque mi método tuvo tanto éxito, que mi empresa creció como la espuma.

M: Y tanto. Pero tengo entendido que no todo fueron risas y salmorejos marinos…

Y esto, amigos míos, es una salmuera

Y esto, amigos míos, es una salmuera

H: Salmueras

M: Eso también. Se atribuye tu éxito al enorme trabajo que invertías en tu compañía. Me he llegado a enterar que trabajabas 18 horas diarias, y que dormías en la oficina casi siempre.

H: Es que no soportaba los ronquidos de mi mujer. Con mujeres así, descubres que la diferencia entre “cariño, haces algunos ruiditos mientras duermes”, y “jo**r, roncas como un p**o cerdo”, son unos años de matrimonio.

M: Detrás de cada gran hombre… En fin. Pero la razón por la que te hemos traido aquí, es porque prometí a mis lectores en un artículo anterior, que explicaría tu astucia para evitar el problema de los precios predatorios

H: ¡Aaah! Sí, mi pelea con el cártel de la Deutsche Bromkonvention.high-Please-No-Dumping-Thank-You-806

M: Eso es. Para los lectores que no hayan leído mi artículo al respecto, una estrategia de precios predatorios, o dumping, es aquella en la que una empresa vende sus artículos por menos de lo que le cuesta producir esos artículos. Normalmente, se hace para acaparar el mercado con esos precios tan bajos, intentando eliminar a la competencia, que no podría bajar tanto los precios. Y después de quitarse de en medio a los demás, te conviertes en monopolio, y pasas a poner el precio que quieras a tus productos

Pero aquí, el amigo Herbert es el ejemplo viv… bueno, viviente, no. Pero es un claro ejemplo de por qué esa estrategia no sirve ni para pargarse la bolsa de pipas. Así que cuéntanos, amigo Herbert. Cuéntanos tu pelea contra el cártel alemán.

H: Bueno, pues resulta que mi empresa iba tan bien en Estado Unidos, que decidí intentar vender en Europa. Pero cuando empecé a instalarme en Inglaterra, vinieron dow-chemical-sluit-fabriek-in-delfzijlunos caballeros teutones con muy malas pulgas, y se pusieron a lo mafioso: “este es nuestro territorio”. De hecho, me amenazaron con comenzar a vender en Estados Unidos a un precio tan ridículamente bajo, que acabaría perdiendo toda mi clientele allí.

M: Buff… Suena duro.

H: Quita, no fue para tanto. Duro fue ver aparecer a Adelfo en mi casa. Que es tan bizco que da miedo. Pero ante los alemanes, no me amilané, y empecé a vender a 80 céntimos el kilo de bromo. Muy por debajo de sus 108 cents/kg.

M: ¿Y cumplieron su amenaza?

H: ¡Oh, sí! Se pusieron a vender bromo a 33 cents/kg en EE.UU. Una ridiculez. Pero más incomprensible les pareció que yo respondiese vendiendo a 66 cents/kg en Europa. Más, sabiendo que mis gastos eran mayores que ese precio. Consideraron que yo estaba también hacienda dumping, y siguieron bajando precios en EE.UU. Creían estar en una guerra de desgaste. Pensaban que ellos podrían aguantar más, al contar con el respaldo del gobierno. ¡Llegaron a vender en EE.UU. a 22 cents/kg! ¿Te imaginas? ¡22 céntimos! Eso no da ni para chicles.

M: Una locura, desde luego. Pero no era una guerra de desgaste, ¿a que no?

H: No, para nada. Lo que no sabían los del cártel alemán era que yo había parado las máquinas de mi empresa. Casi no producía bromo. Lo que hacía era en realidad comprarles discretamente el bromo en EE.UU., y venderlo por el doble en Europa. Me sacaba unos preciosos beneficios a costa de su bromo.

M: ¡Demonios! Qué gracia tiene eso. O sea, que en realidad estaban cavando su propia tumba.dumping

H: Exacto. Les volvía locos. Cada vez que ellos bajaban el precio en EE.UU., yo lo hacía en Europa. Y ellos no podían bajar su precio en Europa, porque tenían que afrontar las pérdidas del dumping de EE.UU. Se les iba la cabeza. No sabían de dónde salía tanto bromo. Incluso llegaron a pensar que miembros del cártel se habían puesto a vender a escondidas su bromo más barato. Habría dado lo que fuera por ver la cara de estos al enterarse de lo que pasaba.

M: Y danos tu opinion como entrepreneur experto: ¿qué crees que les pudo salir mal a tus rivales?

H: En primer lugar, el error más evidente fue hacer dumping con un producto cuya reventa era posible. Me habría costado más comprar en Estados Unidos, y vender en Europa si tanto el cártel alemán como mi empresa nos hubiésemos dedicado a… yo que sé, a construir edificios para strip shows. No me puedo llevar a Europa el edificio que ellos hubieran contruido en EE.UU.sedantes

M: Y tu mujer te habría matado si te hubieras llevado a las stripers.

H: Bueno. Como ya dije antes, el bromo se usa para crear buenos sedantes…

Pero mira, suponiendo que ambos vendiésemos un producto complicado de revender, el tema de vender a pérdida es… jodido. El cártel solo se lo pudo permitir por las ayudas económicas que recibía del gobierno. No habrían podido hacerlo sin eso. El dumping como técnica para cargarse a a la compentencia, en mi opinión, es un arma de doble filo, casi imposible de mantener si no tienes ayuda externa. Y es además muy costoso. La mayor parte de las veces, sale más barato el comprar a la competencia.

Y suponiendo que hubieran conseguido que yo quebrara, mi acción más lógica habría huge.0.4896sido la de vender mi patente de obtención de bromo a nuevos empresarios. Yo habría sacado una pasta, y esos nuevos empresarios habrían empezado a dar más guerra a un enemigo ya muy debilitado. Aunque mi empresa hubiera caído, otras habrían ocupado su lugar.

M: ¡Qué historia, qué historia! Bien, mi buen amigo Herbert. Se nos acaba el tiempo, así que ya le tengo que pedir a Adelfo que te “des” secuestre. ¿Algo que decir a nuestros lectores, antes de que el colega vuelva a cloroformarte?

H: Claro, claro. El éxito empresarial se consigue con tres elementos indispensables: un sueño, que nunca debes dejar de perseguir, mucho esfuerzo y voluntad, y una esposa con problemas respiratorios nocturnos. Y también querría saludar a… ¡Uy! Qué raro huele este pañuel…

Bueno, mis queridos melocotoneros. Hoy habéis conocido al bueno de Herbert Dow. Sentíos libres de comentar abajo si os ha gustado este artículo, o si queries que vuelva a hacer otro show, y traer a alguien para hacerle una entrevista. Y cualquier idea interesante que penséis que pueda ayudar a ese artículo, es más que bienvenida.

¡Un saludo!

Mike Wasos

Imágenes sacadas de: en.wikipedia.org; es.gizmodo.com; news.urban360.com.mx; investingnews.com; http://www.interempresas.net;www.investopedia.com; http://www.illustrationsource.com; emaly.com.mx; http://www.merca20.com

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