Microrrelato de terror


El insomnio es horrible, obligándote a permanecer despierto a pesar de querer soñar. Haciéndote perder fuerzas poco a poco, pero sin llegar al deseado punto de la inconsciencia. Me doy la vuelta en la cama y miro el reloj, ya son las 3. Otra noche en blanco.

Ruedo de nuevo hasta situarme mirando al techo. Éste es apenas visible, pero me concentro en él, dejando la cabeza vacía y controlando la respiración. Cierro los ojos y cuento segundos entre exhalaciones e inhalaciones. Exhalar, inhalar, exhalar, inhalar… La tensión de mi cuerpo desaparece. Cierro los ojos.

Algún sonido me ha despertado, aunque no tengo claro el qué. No escucho nada así que vuelvo a intentar dormir. Un castañeo. Abro los ojos y enciendo la pequeña lámpara de escritorio intrigado, el castañeo para en ese momento. Creo que ha venido del techo, ¿será el vecino? Castañeo. Sí, definitivamente viene del techo. A saber lo que estará haciendo a estas horas.

Antes de darme cuenta ya llevo otra media hora mirando el techo, el reloj no miente. Debería levantarme y hacer algo, pero no me quedan fuerzas. La noche se está haciendo larga. Castañeo. Ha venido de la puerta. El sueño parece esfumarse y la tensión invade mi cuerpo. Lo he escuchado perfectamente. Vivo solo. Con precaución extiendo la mano a la lámpara y enciendo la luz. No hay nada extraño en la habitación, pero me da miedo levantarme e ir abrir la puerta. Un miedo infantil desde luego, pero he visto demasiadas películas como para sentirme tranquilo. “¿Qué hago ahora? ¿Me levanto?”, pienso. Quizás podría aprovechar para encender el ordenador y mirar un par de videos. Una ojeada al reloj me informa de que son las 4:05, así que tras pensármelo un segundo me dirijo a la estantería y cojo mi portátil. Lo abro y presiono el botón de encendido, solo para quedarme observando una pantalla en negro. Me olvidé de cargarlo. Me vuelvo para echar una ojeada al reloj, son las 4:05. Atravieso la habitación de nuevo hasta llegar a mi cama cuando al fin mi cerebro lo procesa. “Es imposible”. Miro de nuevo el reloj, solo para encontrar las 4:04. “Tiene que haberse roto”, pienso. Unas pisadas a la carrera surgen detrás de mí. Un escalofrío baja por mi espalda. Me mantengo quieto, como un ciervo deslumbrado por los faros de un coche, atento a cualquier nuevo sonido. Tras un minuto reúno el valor para darme la vuelta… Nada.

Hago un escaneo visual de toda la habitación y nada parece fuera de lugar, pero la tensión no desaparece. Crujido. Hay un niño observándome desde el techo. Retrocedo hacia la puerta y agarro el pomo. No abre, y el niño se dirige hacia mí. Su cara está a centímetros de la mía. Sonríe.

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5 pensamientos en “Microrrelato de terror

  1. ¡Qué bueno!

    P.D. Le acabo de leer tu historia a mi hermano de 10 años, y me ha soltado “Buah! Yo me lo encuentro por la habitación, y le tiro por la ventana!” creo que a él no le ha dado mucho miedo. 😉 😀

    Me ha gustado tu microcuento. Espero seguir leyendo más cosas así.

    Saludos 🙂

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    • ¡Gracias! Tengo pensado crear uno semanalmente tocando distintos géneros como ejercicio personal, y con lectoras como tú aún tengo más ganas.

      P.D: para la próxima vez que toque terror prepararé algo especial pensando en tu hermano ^^

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      • ¡Muchas gracias! Será un gran aporte a vuestro blog. Y estaré encantado de leerselo. (A ver si se vuelve a hacer el gallito..) Jajajaja 😀

        Chao 🙂

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