Memories


cinta de músicaTodos tenemos una persona en el mundo que te cambia tu visión de la vida. Y todos sabemos también que de eso no te das cuenta hasta que esa persona ya no está. Hoy escribo sobre esa idea. Sobre cómo podemos estar tan ciegos y desaprovechamos la oportunidad de estar con alguien que nos encanta (o nos encantaba) sólo por el mortal mordisco de la rutina. Cómo alguien, casi sin querer, te “echa” de su vida en un segundo y al siguiente te echa de menos. Y como, además, no somos capaces de enmendar nuestro error y dejar el orgullo a un lado.

 

Ella, que prometía ser sólo un capítulo en esta historia, acabó por cambiar la mía por completo.

puesta-de-sol-en-la-pradera,-cielo-200123Era poesía cuando caminabas entre sus pestañas, arte si navegabas entre sus caderas. Ella era esa musa que todos tenemos alguna vez en nuestra vida. El dragón que acosa nuestros sueños y miedos más íntimos. Lo era todo y nada, ser y vacío. Aliento cada noche y suspiros cada mañana. Era lo más parecido a un amanecer entre besos y caricias. Un abrazo en un día frío y la bendita brisa veraniega. Ella era sentimientos, era vida, pasión, sonrisas. Cortaba el aire con su mirada y su sonrisa… Su sonrisa era el sol en primavera.

Decía que se sentía afortunada por vivir a mi lado, por querer compartir mi vida con ella. Así, como si la estuviera haciendo un favor. Que no había nada mejor que despertar a mi lado (aunque lo cierto es que muchas veces ni se molestaba en dormir, simplemente me observaba a mí) y que un beso mío le cambiaba la vida.

Decía.

Aún paso largos momentos de mi vida frente a una pared blanca mirando, intentando formar el contorno de su cara, imaginando sus labios una vez más. Mis oídos están cansados ya de escuchar esa canción que tanto me recuerda a ella. Lo gracioso es que no es una canción especialmente bonita ni conocida, ni siquiera romántica. Pero era y la hacía suya. Adoro la manera que tenía de disfrutarla, de dejar todo lo que estuviera haciendo para volverse loca durante esos 3.39 minutos y bailar, saltar, cantar y dar vueltas mientras reía, como si volviese a ser niña otra vez. Como si nunca hubiera crecido.

libro viejoPor eso sigo guardando su libro favorito. Jamás he sido capaz de posar una mano sobre él por temor a que pierda la magia que tiene, la de ella. Con ese puñado de palabras reía, lloraba, sentía y amaba como no la he visto hacer con nada ni nadie más. Suspiraba pensando en ese Príncipe Azul que sólo existe en los cuentos y al que yo no podía ni aspirar. Lo leía tantas veces que tenía las solapas pegadas con celo, pero a ella le daba igual porque era su evasión del mundo, su manera de abstraerse de sus problemas y de la rutina de una vida de locura como la suya.

Podría también hablar de su pintalabios, de la forma tan sutil que tenía para hacer que quisiera besarla a cada instante; de su forma de reír, que causaba estragos, que me volvía loco, que me apasionaba. Podría hablar de su picardía cuando quería y su inocencia descuidada o de su niñez y de las tremendas ganas de reír que le entraban siempre cuando ocurría algo serio. De su odio al teléfono y su amor por las cartas.
Podría pero…

Imágenes sacadas de: emysaludybelleza.blogspot.co http://www.redpepperwallpaper.com imagenes.4ever.eu

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