La pureza del dinero


Simbolos_monedas_muralesyvinilos_45501208__Monthly_XL¿Es el dinero algo malvado? Muchas personas piensas que sí. El símbolo del dólar es por lo común asociado a la avaricia, al egoísmo. Se imagina el ídolo de un personaje malvado. Personaje que suele estar vestido con traje, y que con total crueldad, roba de sus necesitados prójimos todo lo que estos necesitan, usando como herramienta para el hurto el dinero.

En Yo, melocotón, queremos combatir contra esa imagen. El dinero no es malvado. No es consecuencia de su existencia el deterioro y corrupción de la sociedad y de los valores morales.libro-la-rebelion-de-atlas-ayn-rand

Este artículo es un fragmento de un libro que habla de esto mismo. Es un apasionante relato sobre el egoísmo y la razón contra el altruismo y las emociones. El fragmento, en concreto, es un discurso de uno de sus personajes, Francisco d’Anconia, defendiendo la pureza del dinero.

 

 

Rearden escuchó que Bertram Scudder, afuera del grupo, decía a una muchacha, que emitió un sonido de indignación:

– No permita que ese hombre le perturbe. Ya sabe usted que el dinero es el origen de todos los males, y d’Anconia es un típico producto del dinero.

Rearden no creyó que Francisco lo hubiera oído, pero lo vió volverse hacia la pareja  con una sonrisa grave y atenta.

– Así que piensa que el dinero es el origen de todos los males? – inquirió Francisco d’Anconia -. ¿Se ha preguntado alguna vez cuál es el origen del dinero? El dinero es solo un instrumento de intercambio que no puede existir a menos que existan bienens y personas capaces de producirlos. Es la forma material del principio según el cual quienes deseen tratar con otros deben hacerlo mediante transacciones, entregando valor por valor. No es un instrumento de los pordioseros, que exigen llorando el producto del trabajo ajeno, ni de los saqueadores, que lo arrebatan por la fuerza; el dinero se hace sólo posible gracias a quienes producen. ¿Es eso lo que considera malvado?

“Cuando se acepta el dinero en pago del esfuerzo propio – continuó Francisco- se hace con la condición de que luego uno lo podrá cambiar por el producto del esfuerzo ajeno. No son los pordioseros ni los saqueadores los que dan valor al dinero. Y ni un océano de lágrimas, ni todos los cañones de la tierra, podrán transformar los pedazos de papel que lleva en su billetera, en el pan que necesitará mañana para sobrevivir. Esos papeles, que en realidad deberían ser oro, son un pacto de honor; su tenencia da derecho a la energía de la gente que produce. Su billetera es la declaración de su convicción de que, en algún lugar del mundo, hay personas que no quebrantarán ese principio moral que es la raíz del dinero. ¿Eso es lo que considera malvado?

¿Alguna vez se ha preocupado por investigar las raíces de la producción? Observe un generador eléctrico y atrévase a pensar que ha sido creado por la fuerza bruta de seres carentes de inteligencia; intente cultivar una semilla de trigo sin obtener alimento tan solo con movimientos físicos, y se dará cuenta de que la mente humana es la raíz de todos los bienes producidos y de toda la riqueza que alguna vez haya existido sobre la tierra.”

“Sin embargo – continuó-, usted asegura que el dinero lo consiguen los fuertes a expensas de los débiles. ¿Pero a qué fuerza se refiere? No es la fuerza de las armas ni de los músculos, ya que la riqueza es el producto de la capacidad del hombre para pensar. Entonces, ¿el dinero lo obtiene quien inventa un motor a expensas de quienes no lo inventaron? ¿Lo obtiene el inteligente a expensas del idiota? ¿El capaz a expensas del incompetente? ¿El ambicioso a expensas del holgazán? El dinero debe hacerse, antes de que pueda ser saqueado, y es hecho a través del esfuerzo de las personas honradas, en la medida de la capacidad de cada una; y el honrado es aquel que comprende que no puede consumir más de lo que ha producido.

Comerciar utilizando dinero es el código de los hombres de buenas intenciones, porque el dinero se basa en el axioma de que cada uno es dueño de su mente y de su esfuerzo. El dinero no otorga ningún poder para prescribir el valor de un esfuerzo, más allá de la elección voluntaria de quien desea ofrecer el suyo a cambio.

El dinero le permite obtener por sus bienes y su trabajo lo que vale para los que lo compran, pero no más que eso. El dinero solo permite tratos que se hacen en beneficio mutuo, según el libre juicio de ambas partes.

El dinero exige el reconocimiento de que se debe trabajar en beneficio, y no en perjuicio, propio; para ganar, y no para perder. El dinero reconoce que el hombre no es una bestia de carga nacida para transportar el fardo de su propia miseria, que debe ofrecer valores y no agravios, que el lazo común entre los seres no es un intercambio de sufrimientos, sino de bienes. El dinero exige vender, pero no debilidad a cambio de estupidez, sino talento a cambio de razón; Exige comprar, no lo peor, sino lo mejor que se pueda conseguir. Y cuando las personas viven basadas en el intercambio, poniendo como árbitro decisivo a la razón en lugar de a la fuerza, lo que triunfa es el mejor producto, el trabajo más perfecto, el hombre de mejor juicio y mayor idoneidad. Éste es el código de existencia, cuya herramienta es el dinero. ¿Es esto lo que comsidera malvado?”

 

Imágenes sacadas de: http://www.libros-mas-vendidos.com http://www.muralesyvinilos.com http://www.taringa.net

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2 pensamientos en “La pureza del dinero

  1. Una entrada muy interesante…
    Pienso que el dinero en sí no es la malicia sino que el mal deviene del mal uso del término poder , del hecho de que siempre tenga que haber alguien por encima de los demás. Y, desgraciadamente, mucha gente hace uso de su poder económico para hacerse notar y sobresalir en la sociedad. Dicho esto, usemos el dinero como trueque, como pago de nuestros beneficios no para situarnos en un distinguido estatus social.
    Algún día te pediré el libro para tenerlo todo más claro.
    Felicidades y un saludo, jefe.
    Asheras.

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