Grandilocuencia de la letra en sí


grandilocuenciaLas largas tardes de verano a caballo entre un sol abrasador y aquella brisa norte que entra en la península por el Cantábrico, invita al parroquiano a salir de la taberna y dejarse mecer por los aromas que llegan de entre los parterres de hortensias con un azul infinito de mar como telón de fondo.

Estos largos paseos meditando lo que no se puede meditar en la tórrida rutina madrileña, a menudo se cortan de lleno con noticias de la capital. Para mi grato deleite, justo en el súmmun de mi contemplación del horizonte suena el móvil devolviéndome de golpe a la realidad. Un viejo colega de aventuras que osa importunarme para contarme “nosequé” proyecto para revolucionar la red. Pueden imaginarse mi alegría cuando me nombra colaborador de un blog encadenándome a escribir en él. Si bien, hasta ese punto todo marcha incluso bien, ha contactado con alguien que tiene ya algunas tablas en esto de narrar; pero… ¿narrar el qué?

Estimados melocotones, como bien sabrán, el mundo es un devenir de muchos sucesos y experiencias, pero las más de las veces el humano sigue el rumbo que marca el azar, que no azahar. Preciosas palabras aquellas, escogidas de forma anonadada. Esta columna, será pues una rincón, de todo menos de opinión. Ya hay muchas opiniones en el mundo, y la mayoría infundadas, todo el mundo opina de todo… Sin saber…

En todo caso el lector deberá leer entre lineas, como tarea muy secundaria, la principal será la de llenar sus sentidos de olores y matices como solo la escritura puede dotar. Si no lo sienten, yo que sé, se van a otra entrada, otro blog u otro medio comunicativo, pero no se quejen, ¡que bastante tiene ya este autor!

Esa es la manera elegida de escribir en una nueva concepción de artículo, podría parecer muy idílico, algún avispado habrá seguramente pensado que esta forma supone tratar de escurrir el bulto, de quitarse el marrón de encima. La verdad, no estoy seguro.

Lo que algunos no conciben es que este artículo lleva fraguándose; cocinándose a fuego lento, nada más y nada menos que dos meses estrujando ideas (risita socarrona).

Finalizo con mis más sentidos saludos, y mi más sentido afecto para con su azaroso y en muchos casos limitado existir, solo justificar que me he metido en su vida para ablandar su pensar vertiendo unas gotas de la letra en sí, y de su grandilocuencia.

Me despido con unas letras (verdaderamente grandilocuentes) de un grande, un tal Luis…

Acude, corre, vuela,
traspasa la alta sierra, ocupa el llano.
No perdones la espuela
no des paz a la mano;
menea fulminando el hierro insano.

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