El travieso de Newton


una breve historia de casi todoHace no mucho, leí un libro de divulgación científica. La obra en cuestión se llama “Una breve historia de casi todo”, de Bill Bryson. Un libro obra de un genio. Recomiendo leerlo a todo aquel que, como yo, sea un ceporro en ciencias, pero desee saber un poco más.

El libro dedica una pequeña parte a un personaje considerado como uno de los mayores genios de la historia. Estamos hablando de Newton, conocido porque descubrió la gravedad cuando se le cayó encima una manzana. “Una breve historia de casi todo”, sin embargo, nos expone un nuevo Newton, un superdotado casi ermitaño y sociópata, excéntrico como nadie. Vamos a ver por qué.

newton IIIsaac Newton nació el 4 de Enero de 1643, año en que murió Galileo. Fue criado por su abuela y su madre, ya que su padre había muerto antes de su nacimiento. Quitando su delicada salud, tuvo una infancia nada destacable. Tampoco hay nada interesante en su entrada a los dieciocho años en el Trinity College de Cambridge. Su fama empezó unos pocos años después, cuando terminó sus estudios, y se hizo profesor en el mismo colegio del Cambridge que le acogió.

Newton era, decididamente, una persona rara. Era quisquilloso hasta rozar el trastorno. Conocido por su terrible despiste (“cuentan que a veces, al sacar los pies de la cama por la mañana, se quedaba horas ahí sentado, inmovilizado por el súbito aluvión de ideas que se amontonaban en su mente”, dice Bill Bryson en su libro). Otra de sus manías era que tardaba mucho tiempo en compartir sus descubrimientos con el resto de la gente. De estudiante, irritado por las limitaciones de las matemáticas convencionales, ideó un método completamente nuevo para poder hallar la solución a problemas matemáticos complejos. Ahora, este método se conoce como cálculo. Pero tardó veintisiete años en explicárselo a nadie. Y para la ciencia de la espectroscópica, de la cuál se considera a Newton padre, tardó otros treinta años.

newton manzanaY, sobre todo, era famoso por su excentricidades y experimentos. Una vez, se quedó mirando al sol todo el tiempo que pudo soportarlo, para determinar los efectos de este sobre la visión. Salió afortunadamente ileso, si bien tuvo que pasar varios días en su cuarto a oscuras, para recuperarse. En otra ocasión, se atrevió a introducir una aguja en la cuenca ocular, recorriendo el espacio entre el ojo y el hueso, “para ver qué pasaba”. Una vez más, el experimento acabó sin que sufriera efectos perdurables.

Poca gente sabe que más de la mitad de su vida lo dedicó a la alquimia y a la religión. En 1936, el famoso economista John Mayard Keynes adquirió en una subasta un baúl de Newton, lleno de documentos. Pero para su sorpresa, los documentos trataban de cómo transformar metales comunes en metales preciosos. Otro ejemplo es un cabello suyo que se estudió en la segunda mitad del siglo XX. En él, se encontró una cantidad de mercurio 40 veces superior a la normal. Aquí se añade el dato de que solo los fabricantes de termómetros y los alquimistas usaban mercurio de forma usual en esta época. Como bromea Bill Bryson en su libro, “normal que le costase levantarse cada mañana”.

Templo de salomón

Templo de salomón

Se dice que aprendió solo a hablar hebreo, para poder leer en original los textos de la planta del templo del rey Salomón. Al parecer, sostenía la teoría de que tenían la clave pasa saber la segunda venida de Cristo. Pertenecía a una secta herética conocida como el arrianismo, cuya principal característica era la negación de la existencia de la santa trinidad (siendo una ironía, a sabiendas de que pertenecía al “trinity college” de Cambridge).

“Una breve historia de casi todo” nos relata la curiosa historia de cómo Newton publicó los tres tomos de “principia mathematica“, su obra maestra. Asombra pensar que el conocimiento que tenemos de cómo y por qué los planetas giran en elipse alrededor del sol fue, en realidad, una apuesta.

Edmund Halley

Edmund Halley

Todo comienza con otro famoso astrónomo inglés: Edmund Halley. Halley, pese a sus múltiples inventos y descubrimientos, es conocido porque le pusieron su nombre a un famoso cometa, dieciséis años después de su muerte. Pero su mayor aportación a la ciencia fue, sin duda, su participación en una apuesta que se llevó a cabo en 1638, en Londres, entre él, Robert Hooke, y Sir Christopher Wren. Estas tres celebridades coincidieron en un café de Londres. Naturalmente, la conversación acabó derivando en la astrología. Especularon sobre por qué las órbitas de los planetas alrededor del sol eran de forma elíptica. En el momento culmen de la conversación, Wren ofreció la suma de 40 chelines a cualquiera que averiguara la razón.

Robert Hooke

Robert Hooke

Las reacciones de Hooke y Halley fueron dispares. Hooke afirmó saber ya la respuesta, pero se negó a darla. Argumentaba que para que el juego tuviera gracia, la desvelaría otro día. “Así no privaré a los demás de la satisfacción de descubrirlo por su cuenta”. Se debe añadir que Hooke era famoso por atribuirse el trabajo de otros, y que posteriormente, tendría problemas con el propio Newton sobre este tema. Halley se consagró a encontrar la respuesta. Removió cielo y tierra, y hasta concertó una cita con un famoso profesor lucasiano de matemáticas de Cambridge. Nos referimos a Newton.

Halley conversó con Newton. En un momento dado, le preguntó qué tipo de curva creía que describían los planetas. Newton contestó al instante que una elipse. Halley, entusiasmado, le preguntó la razón de su seguridad, a lo que Newton respondió “porque lo he calculado”. Halley, que no cabía en sí de alegría, le pidió a Newton que le mostrara el cálculo. Pero Newton no lo encontró. A Halley se le cayó el alma a los pies.

Newton

Newton escribió “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”

Newton prometió a Halley rehacer los cálculos. Tardó dos años en cumplir su promesa. Pero lo hizo escribiendo la obra “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”, una obra que cambió el mundo.

Halley ganó la apuesta. pero Hooke tuvo una enorme discusión con Newton sobre la autoría de las teorías expuestas en el libro (como era de esperar). Tal fue la discusión, que Newton se negó a publicar el tercer tomo de su obra. Halley tuvo que insistir mucho tiempo antes de arrancarle el volumen a Newton. Y, posteriormente, se vio obligado a que editarlo con su propio dinero, ya de por sí escaso. La razón era que la royal society estaba teniendo problemas económicos debido a la errónea publicación de un libro llamado “The history of fishes”. A Halley no le hizo ninguna gracia que le pagaran por ello con 100 ejemplares de este libro, en vez de con dinero.

Para finalizar el artículo, diré que la información que aquí se encuentra proviene en gran parte de “Una breve historia de casi todo”. En esta obra, se habla de otros muchos temas interesantes, relatados con un estilo que no puede ser más ameno. Con esto, animo al lector, sea o no amante de las ciencias, a disfrutar de esta obra como yo lo hice.

Un saludo,

Mike Wasos

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